Olvidarte.

Cómo conseguí olvidarte.

¿Como conseguí olvidarte?

Siempre fue la pregunta que paralizó cada ser. Cómo olvidar después de haber conocido la unicidad del otro, haber enseñado la tuya, haber amado una relación, pero sobre todo el rol que teníamos en ella. Cómo pudimos aceptar la vuelta a una vida banal con una sola excentricidad: el recuerdo de lo que pudimos ser.

A cada nueva historia traté desesperadamente de repetir mis recuerdos favoritos. Aquella dónde yo era el ser amado. Pero sin poder evitarlo, cambié sin cesar de pareja de juego no entendiendo porqué el recuerdo no me parecía tan bello. Me sentía como una drogada que ya no supo encontrar el sabor y la adrenalina de su primera raya de coca. Todo porque mi ser amado no aceptó mi manera de ser. Era lo mejor que supe hacer, pero no fue suficiente. Y aquí mi grande sufrimiento, nunca ser suficiente. Ni si quiera autosuficiente. Suficiente para escuchar a los demás, pero no suficiente para ser escuchada.

¿Porqué tengo la sensación de que nunca nadie sufrió por culpa de estas preguntas?:

Ocurre como cuando te hieres. La herida, la ruptura, la traición. Y como yo, sabéis que solo hay una manera de sanar esta herida: el tiempo. La única diferencia entre una herida en el cuerpo y una herida en el corazón, es que no conocemos su importancia, su tamaño, su profundidad y cuál es la medicación. Lo único que supe hacer fue encerrarme en mi ser y calmar la inflamación. Utilizar a las personas como medicación. Porque somos tan ingenuos de pensar que alguien puede curarte de esa relación tan particular, que es de tú a tú. Una herida que se vuelve cotidiana y terminamos por ya no sentir, aún sabiendo que sigue aquí, convirtiéndose en propietario de tu corazón. Pero el tiempo pasa y el propietario se desvanece y muere. Terminé olvidándote. Es mi derecho.

Olvidar a quien me olvidó.

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