Marionetas

“Marionetizados”

 

« Quiero pero no puedo! »

Despierta, limpia, cena y trabaja.
Trabaja, compra, gasta y llora.

Avanzar, seguir la misma dirección, no hablar ni mirar a tu alrededor. Seguir la linea que la sociedad ha impuesto a cada ser humano y callar la luz de nuestro interior. Somos marionetas de la sociedad, atados a finos hilos que nos hacen creer libres y dueños de nuestros actos.

Es hora de llegar a alguna parte, de tomar un paseo itinerante bajo la luz de la luna y de un relámpago anunciante de lágrimas del cielo. Es hora de darse cuenta de que somos culpables de nuestra inocencia de estar reconociendo que somos marionetas bajo el cielo que maneja un Dios invisible. Caminar, comenzar a alzar la mirada, atreverse a mirar atrás, a afrontar el espejo y a lo que quisimos ser y nunca fuimos. Tener valor a decir que no, y a explotar tras tantos sueños incumplidos.

Quieres buscar otro mundo, otro contexto, pero piensas ¿para qué?, no hay nada nuevo ahí fuera. Y te ciñes a lo de antes, pero miras a la gente y no la ves, no ves nada especial en ellos, ya no juegas ese juego. Ya no te rompen el silencio. No recuerdas la última vez que te hicieron sentir vivo, o sentir algo. Sabes que algo no encaja, quizá eres tú, quizá son ellos, que se olvidaron de lo que va la vida. Sabes que algo se rompe, y sigue sin ser el silencio.

Cumplidos. Cumplidos los actos de la sociedad, de los jefes, de las empresas. Cumplidos los órdenes de los más grandes, sin darnos cuenta que más arriba están nuestros sueños, nuestra libertad de expresión y nuestro propio camino. Un camino que no debería estar trazado por directrices escolares que te ordenan estudiar la historia pasada. Historia que relata un pasado que no tiene futuro y no sirve en el presente. Un presente obstruido por la norma social en donde ser diferente es delito; en donde ser la gota de agua que flota está prohibido.

Gotas de agua que improvisan una coreografía por tus mejillas para recordarte cuanta libertad te prohíbes por culpa de etiquetas, de mentiras, de opresión. Opresión sin la o: presión, explosión de pensares ahogados entre pesares. Explosión de llamas ardientes ahogadas entre mares de lágrimas. Explosión de un ser que no conoces, pero que sin embargo no es nadie mas que tú. Una explosión de un mundo lleno de colores, pero vacío de tus huella.

¿Porqué no estamos hartos de abandonar lo que somos y lo que queremos por leyes transparentes impuestas por personas que no supieron ser felices? ¿Porqué queremos tener un manual que nos explique como encajar en esta sociedad negra de pensares libres? ¿Porqué tanta dificultad a la hora de alzar la vista y cruzarla con otra persona que, como tú, no se atreve a desnudar su pensamiento real?

EXPLOSIÓN. El sentimiento que sientes cuando te levantas y decides mirar hacia adelante. Ver que no te reconoces entre las personas que van vestidas como tú, que piensan como tú, que ya no sonríen, como tú. Explosión cuando tus pensamientos fluyen y sientes oxígeno viajando por tu cuerpo, por tus células. Células que por un instante, se convierten en un concierto mayor y cantan sinfonías jamás escuchadas. Melodías que mezclan colores y crean vida, crean expectativas, y confianza. La melodía de colores que son un grito en mitad de una noche muda. Unas letras punzantes, un mensaje claro en mitad de una carretera donde la soledad es constante; todos vienen, todos van, pero nadie se queda.

Levanta la vista y fíjate en ti. Como si de una señal de stop se tratara, deten tu mente, pero no huyas como si quisieras librarte de algo que llevas bajo la piel; hay distancias que no son tangibles en kilómetros. De nada sirve correr. Se puede estar a un metro de una persona pero a años luz en el mundo invisible en el que nos escondemos tras emociones, y dónde se esculpen los miedos. Ya es hora de romper barreras: avanza hacia esa persona que esté a tu lado, y pregúntale que es lo que realmente piensa.

Regálale color a su vida; sé realmente tú y actúa por impulsos, es decir, que cada acción acarree una reacción automática. Ese seria tu tú más incontrolable, más irracional pero más real, ya que la vida se basa en el movimiento continuo, porque lo que realmente importa es la libertad en nuestra mente, ser quienes somos realmente, y conocer el « DNI de nuestras células » y no tanto el número de identidad impuesto por un gobierno que no se acuerda de quienes somos, pero si de lo que les aportamos.

« Puedes si quieres. »

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *